Cuando uno se convierte en ilustrador, muchas veces cree que su estilo aparece de repente, como si un día despertaras y dijeras: “este es mi estilo”. Pero la verdad es que no funciona así.
El estilo se construye poco a poco.
Con todo lo que ves, lo que admiras, lo que copias cuando estás aprendiendo y lo que te marca sin que te des cuenta.
En mi caso, muchas de esas primeras influencias vinieron de un lugar bastante inesperado, los periódicos.
Antes de Instagram, Pinterest o los miles de referentes visuales que hoy tenemos a un clic, el contacto con la ilustración era distinto. La encontrabas en revistas, en libros… y también en las páginas de opinión de los diarios.
Y si creciste en Venezuela, sabes que la caricatura política no era cualquier cosa. Era parte del día a día del país.
Pedro León Zapata: cuando el dibujo se convierte en crítica

De niña coleccionaba las caricaturas de Pedro León Zapata que salían en El Nacional.
Era casi un ritual abrir el periódico y buscar la caricatura del día. Yo era demasiado chica para entender toda la crítica política que había detrás, pero esos dibujos tenían algo que me atrapaba.
Con el tiempo entendí que no era solo el trazo.
Era la idea.
Zapata tenía una habilidad impresionante para decir cosas muy incómodas con dibujos aparentemente simples. No necesitaba ilustraciones complejas ni composiciones rebuscadas. Con pocas líneas lograba resumir una situación política, una contradicción social o una crítica directa al poder.
Y sin darme cuenta, mientras recortaba esas caricaturas o las observaba en el periódico, estaba aprendiendo algo muy importante:
que el dibujo también puede ser opinión.
Que una ilustración no tiene que ser solo bonita.
Puede ser incómoda.
Puede ser crítica.
Puede decir verdades que a veces nadie quiere escuchar.
Rayma Suprani: la valentía de dibujar lo que otros callan

Otra caricaturista que siempre me llamó la atención fue Rayma Suprani.
Rayma llevó la caricatura política venezolana a otro nivel. Es directa, inteligente y muchas veces incómoda.
Su trabajo no solo apareció en la prensa venezolana, también llegó a medios internacionales como The New York Times, lo que la convirtió en una de las ilustradoras venezolanas más reconocidas fuera del país.
Pero más allá de su reconocimiento internacional, lo que más me impresionaba de su trabajo era su valentía.
Porque hacer caricatura política nunca ha sido cómodo. Menos en un país como Venezuela.
Dibujar sobre poder, ideología o injusticias implica posicionarte. Implica incomodar. Implica arriesgarte.
Rayma entendió perfectamente que el humor gráfico no es solo entretenimiento.
También puede ser una herramienta para cuestionar lo que está pasando en una sociedad.
Y eso siempre me pareció poderoso.
Edo: color, irreverencia y crítica social

Si Zapata representaba una tradición más clásica de la caricatura política, Eduardo Sanabria, Edo, aportó algo completamente distinto.
Color. Mucho color.
Su estilo es vibrante, irreverente y visualmente muy potente. Mientras muchas caricaturas políticas tradicionales se apoyaban en el blanco y negro, Edo introdujo una estética mucho más contemporánea, donde el color y las formas geométricas se convierten en protagonistas.
Su lenguaje visual tiene una clara influencia cubista: rostros fragmentados, composiciones angulares y personajes construidos a partir de planos que recuerdan, de alguna manera, a ese juego visual que inauguraron artistas como Picasso. Pero Edo lo lleva a su propio terreno, mezclando esa estética con sátira política y cultura pop.
Sus ilustraciones son directas, a veces caóticas, llenas de referencias culturales y con una energía gráfica muy particular.
Eso también fue una pequeña revelación.
Porque Edo demuestra que la caricatura política no tiene que ser sobria o minimalista para ser efectiva. Puede ser explosiva, visualmente intensa y seguir siendo crítica.
En su trabajo conviven la sátira política, la cultura pop y una mirada muy aguda sobre la sociedad.
Quizá por eso su estilo siempre me llamó la atención, demostraba que la crítica también podía ser visualmente atrevida.
Weil: el humor que incomoda

Otro caricaturista muy presente en el panorama de la prensa venezolana fue Robert Weil.
Como muchos caricaturistas del país, su trabajo también se movía entre el humor, la crítica social y el comentario político.
Algo que siempre me ha parecido interesante de la caricatura venezolana es que rara vez busca solo hacer reír.
Busca algo más.
Busca incomodar.
Busca cuestionar.
Busca poner el dedo en la llaga.
Y Weil forma parte de esa tradición de ilustradores que utilizan el dibujo como una forma de comentario social.
Sus caricaturas no solo acompañaban las noticias del día: muchas veces eran una forma de entenderlas.
Es una gran referencia para mí. Sus acuarelas, la libertad de su trazo y la intensidad de sus colores tienen algo hipnótico. Sus ilustraciones, con ese aire fauvista, atrapan la mirada y te invitan a detenerte un momento más.
La caricatura también fue mi escuela
Mirando hacia atrás, me doy cuenta de algo curioso.
Mi educación visual empezó mucho antes de estudiar ilustración.
Empezó viendo caricaturas en periódicos.
Empezó observando cómo un dibujo podía resumir una noticia, una crítica o una contradicción social en una sola imagen.
La caricatura venezolana tiene algo muy especial. Es una mezcla de humor, inteligencia y una mirada muy aguda sobre la realidad del país.
Muchos ilustradores venezolanos crecimos viendo ese tipo de trabajo.
Y aunque hoy mi ilustración tenga otros temas, otros estilos y otras influencias, sé que esa forma de mirar el mundo sigue ahí.
Porque el arte no solo se trata de dibujar bonito.
También se trata de observar, cuestionar y, a veces, decir cosas incómodas con un simple dibujo.
Y quizás todo empezó allí… en una caricatura escondida entre las páginas de un periódico.